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Stu Ungar, el niño que dominó el poker muy rápido

Stu Ungar, el niño que dominó el poker muy rápido

Stu Ungar, el niño que dominó el poker muy rápido

Martin Scorsese habría hecho de la vida de Stu Ungar (1953-1998) un perfecto guión de cine. Se le adelantaron. Consagrado en la década de los 80 como uno de los mejores jugadores de poker de la historia, ‘The Kid’ acabó su vida de forma dramática, a la manera en la que suelen morir los genios.

Las Vegas ofreció a Ungar su felicidad y desdicha. Llegó a la ciudad huyendo de la mafia neoyorquina y en ella sucumbió a una sobredosis. En los bolsillos llevaba 800 dólares, parte del dinero que le habían adelantado tras ser contratado como crupier en el casino de un amigo que le había hecho un favor.

Ungar creció en el bar que regentaba su padre atendiendo a algunos de los tipos con peor reputación del Lower Manhattan. De ellos aprendió el arte de jugar a barajas. Apenas contaba 10 años y ya disponía de liquidez suficiente para participar en alguna timba de gin-rummy.

La existencia se le volvió un caos a los 13 años. La anarquía guió sus pasos desde entonces. Su padre murió y, poco tiempo después, su madre sufrió una apoplejía. Tuvo que buscar el dinero de la forma más fácil que supo para atender las necesidades de su familia… y las suyas.

Aquel chaval con pocos posibles se convirtió en uno de los jugadores de gin-rummy más temidos en todo Nueva York. Su aspecto aniñado confundía a los rivales, que lo menospreciaban al principio y terminaban sorprendidos por la facilidad con la que Ungar jugaba y ganaba.

Su fama creció y los prestamistas empezaron a fiarle dinero a un joven que tenía imán para los dólares. Probó también con éxito el black-jack. El poker le consagró.

Historia de las World Series of Poker

Pero a él también le llegaron malas rachas. Cumplidos los 25 años, la mafia puso precio a su cabeza por una deuda millonaria. Cada vez se le hizo más complicado pedir dinero. Cada vez le resultó más difícil que otros jugadores le aceptaran en una mesa de juego. Ya había ganado dos World Series of Poker (WSOP).

Ungar no logró su tercer brazalete de campeón del mundo hasta 1997. Fueron años de despropósitos y despilfarros. Cuentan que jugó partidas de tenis de mesa contra campeones chinos por 5.000 dólares; que dejaba propinas de 100 dólares por facturas de 50; que perdió 80.000 dólares la primera vez que jugó al golf; que destrozó cinco Jaguars y un Mercedes como pretexto para comprarse otro coche.

A su última gran aparición pública acudió por un golpe de suerte. Fue en las WSOP del 97. Una persona anónima le pagó la entrada de 10.000 dólares. Su participación hizo historia. Nadie esperaba su concurso, que jugará al nivel que lo hizo o que ganara. Sólo Johny Moss iguala su palmarés. “Realmente no sé si hay vida sin apuestas. Si la hay, no creo poder disfrutarla”, resumió Ungar en una frase que más que un epitafio pudo ser su último exceso.



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